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El tesoro de la Isla Mágica

En ese proceso no desvelado de liquidación de los restos de la antigua Cajasol por parte de CaixaBank con Sevilla, (véanse las Atarazanas-Torre Pelli, las dudas a futuro con el equipo de baloncesto, el desmantelamiento de la obra social o la venta de Isla Mágica) proceso, insistimos, que se propuso averiguar nuestro grupo municipal en reunión nunca celebrada por parte de los portavoces municipales con la dirección del banco catalán, se hace preciso poner sobre la mesa alguna precaución, ahora que todo son aplausos a Looping Group, firma francesa de capital estadounidense, que no se dedica, que sepamos, a hacer obras de caridad por el mundo. En Izquierda Unida daremos la “inversión” por bienvenida si se despejan algunas dudas.

En primer lugar las garantías de los puestos de trabajo, el fortalecimiento de la oferta de ocio y turística en nuestra ciudad, la ampliación del proyecto y la consolidación –o incremento, mejor- de la actual plantilla y sus condiciones de trabajo, que pueda abandonar la estacionalidad y ofrecer un calendario temático singular durante todo el año.

En segundo lugar, el suelo. El elemento más presente desde que el PP llegó al gobierno de la ciudad y que se asoma detrás de cada “inversor” que se acerca a Sevilla. Antecedentes no faltan (Ikea u otros) en los que esgrimiendo presuntos puestos de trabajo no tardan en proponer cambios, recalificaciones o reclasificaciones del suelo de la ciudad, entendiéndolo como una unidad de negocio y no como un bien público que ordena el actual PGOU a beneficio del conjunto de la ciudad y no del interés, tal vez legítimo, pero particular, de unos pocos.

Si Looping Group plantea que necesita convertir los suelos aledaños en hoteles o centros comerciales habría encontrado el tesoro de la isla. Sólo que chocaría con un Plan General de Ordenación Urbanística que no lo contempla porque esos terrenos están cuidadosamente equilibrados en el reparto clasificatorio de la condición urbana del suelo. No queremos pensar mal pero se hace raro que los vendedores “saneen” la operación de venta perdiendo 30 millones de euros y los compradores vengan a nuestra ciudad sin condiciones previas. Que unos paguen por irse y otros, por llegar, no pidan nada a cambio, en los tiempos que corren, la verdad suena raro.

Porque si raro es eso, más raro sería que el Sr. Zoido no conociera los detalles previos de esta operación que se estaba desarrollando delante de sus narices y en su propia ciudad, con volúmenes y afectaciones importantes, pero sería una grave responsabilidad política que lo supiera y que nos estuviese hurtando a todos –oposición y ciudadanía- el verdadero alcance de lo que puede terminar siendo una operación especulativa de nuevo cuño, acorde con los nuevos tiempos en los que toca explotar lo público en beneficio de lo privado.


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