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El candidato del empleo niega como alcalde tener competencias

Llegar a la alcaldía montado en incontables promesas. Centros de salud, centros de empleo, trenes AVE, cercanías, metro –todo a la vez-, tranvía, no despidos, no privatizaciones de empresas públicas, carreteras nacionales, andaluzas o comarcales, centros culturales y deportivos, bibliotecas o centros cívicos... ¿Qué importaba si daba algunos puñados de votos?.

Incluso miles de viviendas protegidas, pero sobre todo, bajar las altas tasas de paro. No tuvo escrúpulos en prometer a quienes sentían el drama del paro en el seno de sus familias, que votarle a él tendría –poco menos- que un “efecto” milagroso que haría florecer las mieles del empleo allá por los rincones de la ciudad de Sevilla. La clave de bóveda era echar a los partidos del gobierno anterior y esa expulsión, por sí sola, traería a borbotones los brotes verdes del empleo. De hecho, como decía en mayo de 2011 a un periódico amigo, “Quiero pasar a la historia como el alcalde del empleo”.

Ahora, cuando cada mes se revelan –y se le rebelan- las cifras de las oficinas de empleo o las que salen de la Encuesta de Población Activa, Zoido niega que la creación de empleo en Sevilla tenga que ver con la gestión municipal. El empleo… y todas las demás promesas falsas que ahora se constatan incumplidas, son culpa de la Junta de Andalucía, donde están, que casualidad, los mismos que había que expulsar del ayuntamiento de Sevilla.

Zoido declaraba este 4 de marzo, apenas conocerse la mayor cota de paro conocida en nuestra ciudad, que los 91.680 parados y paradas no tienen nada que ver con él ni con su gestión como alcalde. Que eso es cosa de la Junta de Andalucía. Hay que ser desvergonzado, cínico y embustero sin escrúpulos, para desdecirse ahora de aquella promesa que caló en la conciencia ingenua de quienes estaban sin trabajo y corrieron a votar para que se produjera el milagro.

Zoido ¡Ya!, debe asumir sus responsabilidades, dejar de destruir los instrumentos para el fomento del empleo con los que cuenta el ayuntamiento, y reconocer su incapacidad y sus mentiras electorales… o empezar a cumplirlas, tras tres hermosos años de vacaciones dedicándose las 24 horas a todo menos a Sevilla, dejando a su paso tirados en la estacada a miles de personas desempleadas, frustradas y condenadas.

A este paso Zoido va a pasar a la historia, sí, pero no como el alcalde del empleo, sino como aquel que alcanzó la que parecía imposible cota de los cien mil, abdicó de sus obligaciones y robó una alcaldía a los sevillanos a base de frustrar las esperanzas de un pueblo.


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