Otra cultura posible para Sevilla

Acaban de cumplirse diez años desde que Arturo Pérez Reverte escribiese su genial y polémico artículo titulado “el ombligo de Sevilla”, en el que el autor, con su hiriente y sarcástico estilo, desnudó las miserias de la cultura sevillana.

En aquel escrito, Reverte -declarado enamorado de la ciudad-, se lamentaba de que si preguntabas a un sevillano sobre cultura, “cinco de cada diez” pensaban en la Semana Santa o la Feria de Abril, llegando algunos “a lo más” al barroco de las iglesias.

Lamentablemente para todos, este lúcido análisis de la realidad cultural sevillana sigue siendo válido en una ciudad en la que, lejos de intentar explotar el potencial de Sevilla para revertir esa situación, a menudo sólo se apuesta por el folclore barato y el arte sacro como únicas opciones culturales posibles.

Aquí, a pesar de existir público y por lo tanto demanda, la cultura independiente, los conciertos, exposiciones y certámenes, salen a duras penas adelante gracias a la iniciativa privada y sin apoyo de un Ayuntamiento demasiado preocupado por los mercados gourmet, los mapping y las carísimas muestras barrocas; actividades que parecen ser las únicas novedades aportadas por la marca Zoido en temas culturales.

Cierto es desde luego que, al margen de esta cultura promocionada para todos, también se fomenta otra exclusivamente comercial, y que llega a una minoría capaz de acceder a los conciertos de La Maestranza o el teatro en el Lope de Vega, espacios que, a pesar de estar sostenidos con presupuestos públicos, no resultan  accesibles para gran parte de los sevillanos dado el limitado aforo y el elevado coste de las entradas.

Mención especial merece aquí la desastrosa e ineficaz gestión de nuestra Orquesta Sinfónica que, a pesar de encontrarse entre las mejores de Europa, no ha logrado acercar su actividad a la gente, siendo una gran desconocida para la mayoría de los sevillanos.

Precisamente esa falta de apoyo municipal a la cultura en los barrios es lo más significativo de la nefasta y elitista gestión cultural del gobierno del Partido Popular que, aparte de cines de verano y exposiciones fotográficas, siempre con Sevilla como temática, no ha sido capaz de promocionar nada fuera del casco histórico de la ciudad.

Así, los programas de teatro en los barrios, el apoyo a las peñas flamencas o las ayudas para alquiler de salas de Endanzaensayo han desaparecido en este mandato (salvo cuando se trata de las bandas de Semana Santa). Resulta imprescindible, por tanto, revertir la situación y que la cultura sea así promocionada desde la administración local y se respalden las iniciativas que surjan; y que en vez de cerrar salas de conciertos se abran, en vez de poner trabas burocráticas a las actividades en la calle se fomenten, y en vez de financiar espectáculos elitistas se acerque la cultura a todos los sevillanos.

Para poder afrontar con éxito el cambio en la cultura no bastaría con la voluntad de un gobierno municipal, ya que habrá que implicar en esta política a todos los actores posibles: trabajadores, gestores culturales, ciudadanos, políticos…que deberán aunar esfuerzos en la construcción de esta nueva cultura. La participación de los sevillanos en la creación de eventos ha descendido notablemente desde la práctica desaparición de los Presupuestos Participativos, y por ello creo firmemente en la necesidad de recuperar los proyectos culturales que han desaparecido y potenciar aquellos que han logrado mantenerse vivos –desde luego no por apoyo municipal-.

En síntesis, entiendo que la cultura en Sevilla puede y debe superar los encorsetados esquemas de lo sacro y lo barroco, abriendo nuevas formas de la gestión cultural, y sobre todo, haciendo accesible esta cultura a los barrios y permitiendo a los sevillanos participar, para superar con ello, de una vez por todas ese rancio concepto de cultura para la élite a la que nos han acostumbrado.

Una cultura como derecho y servicio público para encender conciencias y construir futuro. Creo en una ciudad con talento, posibilidades y recursos, que podrían aprovecharse para convertirse en un referente cultural europeo que no se limite a la Bienal, el Festival de Cine y Territorios, certámenes que pese a su indudable valía, no son suficientes para una capital de las características de esta Sevilla.

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